La necesidad de AMLO de construir a EU como enemigo: Crónica de una batalla anunciada.

El Mensajero


Por Eduardo H.


El presidente de México Andrés Manuel López Obrador, AMLO, recientemente ha lanzado una campaña en contra del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), acuerdo signado en su versión final el 10 de diciembre del 2019 por él mismo.

 

Pareciera ser que, desde el año pasado el presidente se ha empeñado en revolver el río al enfriar y tensar paulatinamente las relaciones con Washington. Contrario a lo que parece, esto no es un síntoma de un desplante presidencial, por el contrario, son los primeros pasos inteligentemente construidos para poder crear a un enemigo de cara a las elecciones del 2024.

 

El equipo legal y de representación exterior del gobierno de México saben que esto es una batalla perdida; los acuerdos multilaterales obligan a los firmantes al cumplimiento de sus compromisos.

 

Su propósito es solo mitigar el impacto y, si este es menor de lo previsto ellos serán ganadores.

 

El presidente mexicano sabe y aprovecha que uno de los principales intereses de Washington, por ahora, se centran en el conflicto Rusia-Ucrania y la agenda internacional y que esto es algo que está lacerando la aceptación política del gobierno de Joe Biden.

 

El gobierno de EE. UU. por ahora está centrado en eso.

 

Washington sabe de la influencia que podría tener López Obrador en las elecciones estadounidenses particularmente sobre el llamado “voto latino”, ya que el Partido Demócrata se juega el control del congreso en estas elecciones, aspecto que AMLO querrá aprovechar porque considera que México volverá a ser punto central del discurso de los candidatos en las próximas elecciones. Trump de nuevo hará uso de sus cartas sobre México en 2024 si llega a la carrera presidencial.

 

Es la crónica de un enfrentamiento anunciado, que AMLO capitalizará muy bien.

 

López Obrador necesita, más que nunca de un enemigo para sus próximas elecciones. Y la oposición en México tardará al menos dos sexenios en ser realmente una oposición mínimamente decente, ellos por ahora no son rival a vencer, y el discurso de la mafia del poder es un recurso que se irá agotando cada vez más.

 

El presidente necesita una intervención soft extranjera, a sabiendas que ya no sería una intervención como la que le tocó a Juárez, de quien se cree heredero histórico.

 

El TMEC y las obligaciones que le harán cumplir serán la excusa perfecta para decir que el enemigo ahora es el imperialismo americano; AMLO sabe que requiere de este enemigo de cara a la sucesión presidencial, necesita construirse como el presidente que le plantó cara a Estados Unidos, y sabe que su edad le permitirá retirarse así, como aquel que inició la defensa histórica de la soberanía mexicana.

 

Él realmente no se está preocupando por el futuro de México, está más preocupado porque la historia lo recuerde así, el gran caudillo de siglo XXI de México y las Américas sin importar el impacto a posteriori de este enfrentamiento.

 

De cara al 2024 no hay otro AMLO, un personaje construido como candidato, y sí que hay heridas que no han sanado en nuestro país. Por ahora, pareciera que estamos en camino a un nuevo Maximato.

 

Es por eso preciso preguntarnos, ¿México realmente tiene la fortaleza institucional para emprender una encrucijada en contra de nuestros vecinos del norte? ¿Él, o la sucesora del presidente continuará con la estrategia de desgaste de política exterior de AMLO?

 

Todo pareciera indicar que la 4T va, y va directo al encontronazo.

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