¿Promesas o compromisos presidenciables?

No solo café

Azalea Lizárraga C.

 

Desde que tengo uso de razón, digámoslo así, la visita de un presidente de la República a nuestro estado era ocasión propicia para echar las campanas al vuelo porque solía traducirse en el anuncio de grandes obras y/o beneficios para nuestro estado en los meses o años por venir. Con el tiempo uno aprende que no siempre los cacaraqueados apoyos terminan por aterrizar en las arcas estatales. Los mexicanos solemos decir que prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila.

 

En las múltiples visitas de Andrés Manuel López Obrador a Sonora, la danza de los millones ha sido la constante tanto para obras y servicios públicos, como para delinear planes de justicia a las etnias y ciertas poblaciones emblemáticas, como Cananea; acciones que, de concretarse, serían el parteaguas del Sonora bronco y rezagado que da paso a un estado moderno y seguro que provee a sus ciudadanos de mejores condiciones de vida.

 

Tenemos presente las promesas de enfrentar el tema de la inseguridad pública, usualmente con más elementos de la Guardia Nacional;  avanzar en la cobertura y calidad de los servicios educativos, con la construcción de nuevos espacios, sobre todo en el renglón de la educación superior; el fortalecimiento de los servicios de salud, a través de nuevas clínicas y hospitales, así como el abastecimiento de medicamentos y prestación de servicios médicos adecuados; sin dejar de lado la recuperación, construcción y/o remozamiento de áreas de esparcimiento comunitario, tan necesarios para promover la sana convivencia social. Ejemplos de lo que ha sido la tónica discursiva de todas y cada una de las giras presidenciales.

 

Y los sonorenses aplaudimos, esperanzados en que la cercanía del gobernador Alfonso Durazo con el presidente, podría ser elemento clave para detonar el tan esperado desarrollo regional y la consolidación de nuestro estado en el contexto global, aprovechando nuestra geografía privilegiada en muchos sentidos, porque a base de esfuerzo y arduo trabajo hemos minimizado al  árido desierto y potenciado nuestras fortalezas, que no son pocas.

 

Son loables los planes de justicia para las etnias sonorenses, habida cuenta las ancestrales condiciones de abandono y miseria que se dejan sentir en los asentamientos típicos de yaquis, mayos, seris y guarijíos por igual. Habrá quienes argumentemos que los apoyos estatales y federales han sido siempre la constante, pero sus usos y costumbres, así como las evidentes divisiones internas y cerrazón, no les permiten avanzar hacia mejores estadíos de vida. Será el sereno, pero allí siguen, con la cabeza baja o la mirada perdida en el horizonte, viendo pasar la vida.

 

Esperemos que los apoyos prometidos logren concretarse para bien de las etnias, porque si el reparto de tierras, el uso del agua y el respeto a sus tradiciones no se traduce en acciones que mejoren las condiciones de vida y visión de los implicados, todo será más de lo mismo, solo que más publicitado.

 

Y en esta pasada visita presidencial, los sonorenses nos enteramos que se comprometieron apoyos adicionales para obra carretera en la sierra sonorenses, el rescate y rehabilitación de importantes zonas de esparcimiento en dos de las ciudades más populosas el estado, Hermosillo y Ciudad Obregón, como lo son el otrora icónico Parque La Sauceda en esta ciudad capital y la Laguna del Náinari en el sur del estado, donde además se construirá una Ciudad Universitaria en torno a importantes centros educativos de la región; sin dejar de lado que, nuevamente, nos prometen la inminente apertura y funcionamiento del Hospital General de Especialidades en Hermosillo y, nuevo en el discurso, un hospital universitario para coadyuvar la formación de especialistas de la salud, con el consiguiente compromiso de aumentar los campos clínicos para residencias que otorga el gobierno federal a la Universidad de Sonora e incrementar así la apertura de un mayor número de espacios para estudiar Medicina.

 

Obras y acciones que, a decir del gobernador Alfonso Durazo, son necesarias para la gobernabilidad del estado, con lo cual coincidimos de pe a pa.

 

Y es que salud, educación y cohesión familiar son pilares indiscutibles para lograr avanzar en la necesaria transformación social y crecimiento económico del estado, claro, sin dejar de lado poder salir del bache de la inseguridad en la que vivimos actualmente y que, lamentablemente, seguimos sin ver la luz al final de este túnel.   

 

Habrá que acelerar la llegada de los recursos comprometidos por AMLO para estas grandes inversiones y que se suman a los anteriores proyectos planteados para el Puerto de Guaymas, el Home Port de Puerto Peñasco y la construcción del parque fotovoltaico en esa región, que podría convertirse en el octavo generador de energía solar más grande del mundo, por mencionar algunos de las obras que podrían cambiar, para bien, las vocaciones regionales de nuestro estado.

Sume usted y verá varios miles de millones de pesos danzando ante los ojos de las autoridades gubernamentales que no terminan de llegar y el tiempo corre.

 

Si no logra concretarse la viabilidad financiera de los anteriores proyectos de aquí a mediados del 2023, se antoja harto difícil que después de ello vayan a llegar recursos contantes y sonantes a las arcas estatales, habida cuenta que en la recta final del próximo año, el gobierno federal estará enfocando toda su atención y recursos para la organización de las elecciones presidenciales, los relevos del Congreso de la Unión, Senado de la República y, obviamente, asegurarse que el fiel de la balanza le sea favorable al partido en el poder, la 4T.

 

Mucha gestión y mano izquierda del gober serán determinantes en esta etapa. Pero hay que aprender a confiar: esto no se acaba hasta que se acaba.

 

 azaleal@golfo.uson.mx

@Lourdesazalea

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