 |
|
|
|
 |
 |
|
| |
El palacio de Covián y el calcetín roto |
Columnas
|
| |
Comentar
Imprimir
Recomendar nota |
|
| Más información en la sección El Escriba |
|
Augusto Chacón
El Mensajero / El Universal
Coilumnas
Sábado 20 de febrero de 2010
El secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, fue un martes a una reunión con el Comité Ejecutivo del que fue su partido, Acción Nacional, llenó de excremento y bilis uno de sus calcetines y lo guardó, educado él, en la bolsa de su saco. Durante un día el calcetín lleno de miasmas lo tuvo incómodo; la tarde del miércoles decidió renunciar a él: abrió la ventana de su oficina y, como en el viejo chiste, lo hizo girar por sobre su cabeza y lo lanzó; ya sabemos lo que sucedió: al hondearlo, por un hoyito escaparon la caca y el humor bilioso que se untaron al PRI, al PAN, al PRD, a la presidencia de la República. Un aroma fétido se sumó al hedor que inunda al país; cosas personales que comí y no digerí, dice Gómez Mont, sin detalles. No quiere contarlo todo, nomás embarrarnos.
De Ciudad Juárez al río Santiago; de los matrimonios entre homosexuales al púlpito que es hoy el PAN de Gómez Morin; de la bala en la cabeza de un futbolista a los ayuntamientos y las áreas naturales saqueados en Jalisco; de las aguas negras fertilizando Chalco a las alianzas políticas para cambiar de caciques a la inseguridad… las tensiones en la diamantina nación parecían ya demasiadas y que llega Gómez Mont, roba cámara y tinta, improperios y loas. Que si su renuncia al PAN es constancia indubitable de una ética que creíamos ajena a la política; que si un golpe bajo, otro, para Calderón; que si intromisión del gobierno en la gestión de los partidos.
Una semana de jugosa pero nada nutritiva y más bien perniciosa especulación; parecía, otra vez, que atestiguábamos lo insólito. Pero en México la política también decepciona por sus finales sin clímax, previsibles: el secretario de Gobernación le confesó a Pascal Beltrán, en Excélsior, que “condujo las conversaciones con el PRI sobre la Ley de Ingresos de 2010” e insinuó que la alianza PAN-PRD era uno de los espejitos del trueque, es decir, que ésta no sucediera. Hace unos días Beatriz Paredes reveló el fondo de las pláticas con Gómez Mont: “El gobierno no podía pedirle al PRI alianzas para cuestiones legislativas y cuestiones de desarrollo y, por otro lado, ignorar al PRI y distorsionar la competencia electoral”. Una Ley de Ingresos chafa a cambio de una intención electoral igual, chafa; la primera se atuvo a la tradición presupuestal: no reviste mayor trascendencia, social o económica, y con todo, fue suficiente para: “Pactamos cero alianzas” (Beatriz Paredes, en Público); cero alianzas que en la práctica resultará tan de nulo efecto para los oaxaqueños (hidalguenses, poblanos, etcétera) como promoverlas.
Fernando Gómez Mont aseguró a Beltrán que no informó al presidente de sus negociaciones con el PRI sino hace un mes. Algunos opinan que buscó sacar a su jefe del estercolero; otros suponemos que el secretario no creyó necesario consultar a Calderón, por los antecedentes que tenía a la mano: cuando el actual gobierno federal tuvo la oportunidad de poner en jaque a Ulises Ruiz, hace tres años, no lo hizo y, en cambio, la emprendió contra los enemigos de aquél, además, en sus giras por Oaxaca el presidente demostró, desde que comenzó su sexenio, que no tenía interés en incidir en mejorar la calidad del gobierno oaxaqueño. ¿Quién se iba a imaginar que, andando el tiempo, Felipe Calderón iba a sufrir un espasmo de legalidad democrática que lo llevaría a darse cuenta de que el gobernador Ruiz es un cacique? Lo percibió tan súbita y nítidamente que llegó al extremo de autorizar a su partido asociarse con el que no lo reconoce como presidente, con el PRD, para acabar, ahora sí, con el mal. Y en las mismas está la Puebla de Mario Marín.
Postular que bastan las alianzas entre partidos para desarraigar décadas de abandono, explotación, hambre y subdesarrollo (condiciones que ya son parte de una red intrincada y fuerte de intereses caciquiles) parece, de entrada, ingenuo. Y de salida, estrictamente electorero, atole con el dedo; sobre todo porque reciclan el argumento de que el bienestar sucede cuando sacamos al PRI de algún lado: siempre hay alguien que lo mete por otro —por ejemplo, Gómez Mont— o lo trae puesto en sus genes: como tanto perredista. Conviene recordar ciertas palabras de Borges: “Es inevitable también que todo aventurero político se crea un héroe y que razone que sus propios desmanes son prueba fehaciente de que lo es”. agustino20@gmail.com |
|
|
| Comentarios |
|
|
| |
| |
| |
| |
|
|
|
 |
|
|
| |
Calpulli 110. Colonia Cuahutemoc. Hermosillo, Sonora. |
|
|
|
|
|
 |