Les contare el caso particular de una familia, que habiendo sufrido mucho en el camino del mundo, deciden un día acercarse a la iglesia donde su hija asistía desde hacia ya varios meses. Este paso fue el inicio de un arranque maravilloso en los caminos del Señor, en lo que en ámbito cristiano conocemos como “primer amor”.
De manera automática, esta familia presento a los pastores su intención de involucrarse, de manera activa, en alguno de los ministerios que en esta iglesia se desarrollaban de manera normal. Ella, la esposa, expreso su deseo de trabajar con los niños, y el esposo, el de llegar un día a compartir la Palabra con los varones. Por su parte, los hijos pretendían acercarse más a los jóvenes, y buscaban afanosamente como identificarse con alguna de las tareas que este grupo llevaba a cabo.
Con el paso del tiempo, la intención de esta familia fue mermando, ante la indiferencia de los líderes de esta iglesia, incluyendo a la misma pareja pastoral, por darles la oportunidad de involucrarse en los ministerios. Esto fue calificado por la esposa del pastor, como la característica cuando están frente a un “llamado no de Dios”.
Llegue a enterarme días después, que ella (la pastora), menciono con algunos miembros de la congregación lo difícil que era dejar en la manos de alguien que apenas iniciaba en el Evangelio, el destino espiritual de los niños de la iglesia.
En lo personal, coincidí de manera inmediata con este comentario, y de hecho, llegue a darle mi apoyo de manera directa. Lo que me sorprendió es que en ningún momento, el cuerpo de lideres de esta iglesia tomo las acciones necesarias de “ministración”, para enseñarle a esta hermana la manera correcta, espiritualmente hablando, de instruir a los niños de la iglesia en las clases dominicales.
Las semanas pasaron, y un día note con preocupación que esta familia acumulaba ya varios domingos sin asistir a los cultos dominicales, y cuando pregunte a los pastores sobre ellos, recibí como respuesta una confusa evasiva, lo que me hizo pensar que algo había pasado, pero decidí por la prudencia y no pregunte más.
Semanas después recibimos mi esposa y yo a esta familia de visita en casa, y de manera casi atropellada, nos contaron las peripecias y sinsabores que vivían en esa congregación, las cuales para ese momento, compartimos como familia, ya que nosotros en lo particular sufríamos por lo mismo.
La intención de participar de las actividades ministeriales de esta familia, se veía afectada por una supuesta mala influencia doctrinal de uno de sus miembros; ante esto, y dicha sea la verdad, ambos pastores pasaron tiempo con ellos en la evangelización, mostrándole a todos, sobre todo a esto miembro confundido por literatura diferente a la bíblica, la importancia de reconocer a Jesucristo como nuestro único y verdadero salvador.
Aparentemente los esfuerzos fueron infructuosos, y a pesar de que la espiritualidad de este miembro era evidente, continúo con las ideas y pensamientos que había adquirido durante años, a través de la lectura de doctrina no evangélica.
Sin embargo, el resto de la familia no compartía las mismas ideas, llegando al grado de recriminar los pensamientos y comentarios de este miembro, a quien intentaban por varios medios hacerle ver el error de sus ideas.
Al mismo tiempo, la intención por involucrarse en tareas ministeriales creció, al punto de llegar a proponer de manera directa varias ideas que llevaban como fin, cumplir con el Gran Mandamiento.
Todo fue inútil, la familia entera fue estigmatizada junto al miembro en cuestión, como no aptos o no adecuados para participar de los ministerios, y poco a poco fueron relegados al plano de simples visitantes dominicales, y de vez en vez, señalados de manera velada en algunos comentarios entre el resto de la congregación.
Con el paso de las semanas, la pareja pastoral de esta iglesia cometió el grave error doctrinal, desde mi punto de vista personal, de utilizar el pulpito para enviar sendos mensajes de represión y critica contra esta familia, particularmente en boca de la esposa del pastor, quien en esas semanas, y de manera casi coincidente, empezó a tomar el control en esta iglesia, en lo que en el plano cristiano todos llamamos “espíritu getzabelico”.
Ante la falta de verdadero pastoreo, las relaciones entre esta familia y el cuerpo pastoral se fueron deteriorando día a día, de tal manera que eran blanco constante de ejemplos en relación a “falsos profetas”, “aquellos que dicen venir de Dios”, “deseos de la carne”, “ausencia de oración”, “espíritus de contención y discordia”, entre otra decena de señalamientos velados como ya la dije, en el pulpito mientras se desarrollaba la clase dominical e incluso, en el mismo mensaje del culto dominical.
Con el paso del tiempo, esta familia cayó en una profunda depresión espiritual, y aunque en lo particular insistí con ellos en que no abanderan la congregación, dieron el paso final que a muchas familias les cuesta trabajo: buscar una nueva iglesia y empezar de nuevo. Cabe comentar que nosotros mismo, semanas después, dimos el mismo paso y salimos de esta iglesia con el mismo pensamiento, empezar de nuevo en una nueva familia espiritual.
Recuerdo con claridad el capitulo 34 de Ezequiel, cuando les digo que nunca, en ningún momento, esta familia recibió la visita del pastor y de su esposa, con la intención de saber de ellos, de asegurarse al menos que estaban bien, o de conocer a que nueva congregación asistían. La Palabra nos enseña del amor y del perdón, y la mejor oportunidad de una pareja pastoral de mostrar que predican con el ejemplo, es cuando una familia sale de su congregación en términos no ideales, y perdónales, y amarles a pesar de las circunstancias adversas. Es aquí cuando este pastor, cumpliendo con el mandato de pastorear ovejas buenas y malas, puede mostrar que el llamado que tiene, es en verdad de Dios.
Hoy puedo decirle que gloria a Dios, esta familia esta restaurada y fortalecida en Cristo, han encontrado en esta nueva iglesia la oportunidad de crecimiento que tanto buscaron, el miembro de esta que permanecía atado a falsas enseñanzas, recién se bautizo, junto con el resto de la familia, y aunque aun no ejercen participación en algún ministerios, han sido lo suficientemente maduros como para aprender que antes de esto, esta el compromiso con Dios, y que será Dios mismo quien les entregue en sus manos, el plan que tiene para ellos.
En relación a la iglesia que dejaron atrás no hay mucho que decir, nos hemos enterado todos que otras familias han decidido buscar nuevos bríos en otras congregaciones, y que sigue siendo, como lo era justo cuando nosotros llegamos, una iglesia de miércoles de oración, y de domingos de culto.